Cuando un dedo apunta al cielo, el tonto mira el dedo.( Amélie Poulain)

Mira como mira Amélie.

La semana pasada ordenando el caos de mis estanterías asomó Amélie, con su pequeña sonrisa,en un delgado DVD.

Su cara de complicidad invitaba a a revisitar la historia de Amélie Poulain, la joven parisina que “comienza su existencia el 3 de septiembre de 1973 a las 18 horas, 28 minutos y 32 segundos”.

Cuenta la película que Amélie, esa renovada Gioconda de Montmatre, cultiva el gusto por los pequeños placeres: hundir la mano en un saco de legumbres, partir el caramelo de la Crema catalana con la cucharilla y hacer rebotar las piedras en el canal Saint Marthin. Que ,a veces, los viernes Amélie va al cine, que le gusta mirar hacia atrás en la oscuridad y ver la cara de los espectadores. También le gusta descubrir los detalles que nadie más ve. En cambio odia las viejas películas cuando el que conduce nunca mira a la carretera”.

En la película se usan colores vivos, especialmente el rojo, el verde, amarillo y detalles en azul. Todos los colores son aplicados por medio de la saturación y tienen un sentido simbólico. El rojo será la calidez emocional del personaje, el verde el equilibrio o neutralidad, el amarillo la alegría y la euforia y finalmente, el azul como símbolo de tristeza. Una paleta para dibujar emociones , para mirar y ver con el ojo de la mente.

“Descubrir los detalles que nadie más ve”

Al terminar la película, me imaginé como la protagonista Amélie miraría cada una de nuestras nuevas escenas digitales, buscando ver lo que nadie más ve… mirando para ver, buscando descubrir las emociones escondidas en este nuevo entorno.

Me la imagino escribiendo en Google, con buena letra, preguntas sencillas, inocentes consultas en busca de respuestas.  Con su menuda voz pidiendo a Bixby o a Siri que le acompañaran cuando, temerosa, se hace oscuro y tarde en la web. Sonreiría al leer el snippet, si aparece, en la quinta página después de un aburrido scroll vertical. Buscaría descubrir la verdad de tu inocente o pérfido deSEO.

Su curiosidad haría que con el botón derecho del ratón buceara en el código fuente de la web, como quien toca una nota extrema en un piano. Tararearía líneas de código entre corchetes y etiquetas hasta encontrar pistas que le confirmaran el tipo de cms y plantillas usados. “Hoy en día todas las webs se parecen”, se le escucharía desilusionada decir mientras descubre el enésimo wordpress bajo el capó.

Sonreiría al preguntarse porqué no hay un bot que le de la bienvenida y si la inteligencia artificial se asume o presume en la sala de espera de una web.Enviaría un mensaje dentro de la botella verde de whatsapp  con divertidos emojis  para ver si alguien contesta, saludando con la mano a tientas entre la niebla.

A Amélie le gusta observar las estrellas, por ello haría una búsqueda y entraría en Maps, donde leería reseñas ordenándolas como se deben de ordenar 😉 . Vería cómo y con qué te muestras en Google MyB, si das respuestas y cómo las escribes.Te miraría a los ojos mientras pensaría si te importa conocer la verdad sin hacer tu las preguntas. 😉

Amélie no tiene prisa y no juzgaría necesariamente mal a una página que tarde en cargarse, “más tiempo para estar juntos, lo bueno se hace de rogar”, pensaría antes de renunciar a ese argumento.

Amélie Poulan accedería a INFORMA para conocerte mejor. Revisaría con curiosidad las estadísticas de consulta de tu ficha, las cifras de ventas de los últimos 5 años ,la variación de tu plantilla, tus activos y tus pasivos. Conocería los cargos, nombramientos y publicaciones tanto en registros como notas de prensa publicadas…sería como observar a los vecinos por la ventana, espiarlos con buenas intenciones, conocerlos en su pública intimidad, la francesa del e-visillo.

Amélie desearía conocer tus porqués antes de los cómos. Desde el mapa de tu web caminaría en pocos clics hasta conocer la historia que explicas a quienes no te conocen, aquella que tu has decidido contar. En la Avenue “Quiénes somos” giraría hasta quedar perpendicular a Rue Du  Misión y a la manera que dices contribur a hacer un mundo mejor. Estaría atenta a como llamas a tu equipo y frunciría el gesto al leer “recursos humanos” cuando quieres referirte al conjunto de corazones que impulsan tu sueño.

La música de acordeón le animaría a subir las escaleras que llevan al Sacre Coeur sumando escalones, sensaciones y emociones digitales. Si pudiera espiarte por el pequeño puntito de la cámara donde no acostumbras a mirar, comprobaría si muestras tus manos mientras hablas en una videoconferencia o si sabes iluminar  tu rostro al sumergirte en las nuevas conversaciones a distancia.

Amélie escucharía lo que se habla de tí en las otras mesas mientras sirve un pastis en el Bistrot donde trabaja.Miraría los posos del café ,los me gusta y las cosas que comparten de tí en el wallapop improvisado donde se decide tu reputación.

La comunicación en el entorno digital tiene muchos pequeños detalles con los que podemos obtener y ofrecer información.Observando con los ojos bien abiertos, con la voluntad de ver lo que puede ser visto, tendremos muchas mas posibilidades de conocer a nuestro interlocutor, sea persona individual u organización, con quien pretendemos construir la mejor propuesta de valor.

Lo más valioso no está en lo obvio ni ,necesariamente, en lo más escondido, pero necesita ser mirado y reconocido con la voluntad sincera de acercarnos al mundo de nuestro interlocutor.

Llámale curiosidad, técnica o amor por tu oficio, pero estas son algunas de las reglas necesarias para descubrir los detalles, conocer y comunicarnos mejor, para mirar juntos al cielo.com

Merci/Gracias/Gràcies Amélie.