La comunicación no verbal, más_cara.

En los últimos dos días he sufrido dos accidentes comunicacionales leves, afortunadamente sin lesiones emocionales, relacionados con el uso de la mascarilla protectora.

Por lo que he podido comprobar, el uso de este elemento filtra determinados componentes del proceso de comunicación y «trolea» los códigos que asumimos naturalmente en nuestras conversaciones, provocando dobles errores tanto en el lado emisor como en el receptor.

El primero de esos «incidentes» ocurrió cuando pregunté a la persona encargada de la venta de billetes de cercanías en RENFE sobre la validez de los abonos no usados durante el estado de alarma.

El hecho de estar separados por el habitual cristal de la taquilla, sumado a la reducción de volumen de mi voz , tono amortiguado y la imposibilidad por su parte de checkear inconscientemente los labios para reseguir la conversación, dio un error HTTP// 404 (einn? en el original) que provocó tener que repetir la pregunta.

Una vez reformulada la cuestión y mientras se «entregaba la respuesta» se produjo un segundo «fallo»comunicacional. Mi rostro, tapado parcialmente por la mascarilla, no «emitía de forma completa» el acuse de recibo previsto para esta conversación y mi interlocutora reaccionó, de forma preventiva, activando su firewall premosqueante. Fueron microsegundos, pero ambos nos miramos a los ojos (las cejas permanecieron hieráticas) solicitando más información. Momentos de penalti no verbal. Tensión inesperada.

Llegamos a las manos.

Llegamos a la conclusión que las manos podían aportar información no verbal que ayudaran a corregir los problemas de verificación de código en nuestra conversación. De inmediato le añadí 6 líneas más de programa, subrayando con gestos de las manos -como si fuera napolitano- que había entendido su explicación y reproduciendo en el espacio la operación de cancelación del billete sobre una máquina imaginaria que a la sazón construí entre nosotros dos.

Sacamos un 5 justito en la evaluación pero la sensación es que algo no había ido «como tenía que ir«.

El segundo caso se me presentó al día siguiente. En esta ocasión la misión era comprar una bolsa de hielo, tan necesaria en estos días de canícula estival.

Fuí a una tienda de «conveniencia» cercana.

El hielo de la tienda de Ahmad está en un congelador de los de baúl, debajo de los helados y cuando llegué una pareja estaba en pleno proceso para escoger entre un Magnum o un Cornetto.

La «nueva normalidad», el poco espacio disponible y la imposibilidad de amortiguar con una amable sonrisa mi presencia cerca de la nevera, nos llevó a un cruce de miradas cojas por falta de acentos informacionales. Nos sentíamos incómodos como cuando no funciona un cajero y hay cola.Hubiera bastado un pequeño juego de microgestos (arqueo de cejas, sonrisa con movimiento de cabeza afirmativo seguido de rápidas negaciones «no-no-haz-haz» y un minúsculo paso lateral sardanístico, pero no, allí estábamos 4 máscaras, como en la película de El Zorro, participantes en la escena (Ahmad también se lo miraba desde su elaborado parapeto de plástico de kanguro transparente con franquicia inferior donde no caben más que el cambio de las monedas de costado).

No se si escogieron los helados que buscaban o decidieron dar fin a la extraña incomodidad comprando un Red Bull en la nevera de bebidas. El hecho es que pude desmontar las dos estanterías y llegar a la bolsa de hielo. Juro que intenté mover las dos cejas a la vez para decir algo parecido a «ya me espero+ no hay prisa+vaya escena...», pero el resultado fue un movimiento de la mordaza de celulosa como si pidiera un bisturí en un quirófano.Intimidé emulando a un joker desorientado.

En la «antigua normalidad » (sniff) compartimos con Ahmad alguna discreta nota de humor (cuando entré me preguntó «que si hoy mi hijo me había «castigado» teniendo que ir a comprar» 😉 y siempre hay un breve ping-pongneo de humor sanote. Pues bien, en esta ocasión nos quedamos secos. Faltaban piezas.

Confirmo que para poder incorporar el humor en una conversación son necesarios muchos elementos de la comunicación no verbal.

En ausencia del posible mapping confirmatizante del rostro, de una alteración del tono habitual, de la disminución del volumen de la conversación y sobre todo la FALTA de sonrisa, el sentido (y sobre todos los dobles sentidos) son una misión francamente imposible de gestionar. Tenemos D.E.M.A.S.I.A. (Daltonismo Emocional Mascarizante Anulador (de) Sentido Informacional Adecuado) y sabemos como podemos superarlo.

Sonríe aunque te parezca que tu interlocutor no lo ve.

Sonríe sinceramente.

Tus ojos brillarán más. Tus manos ayudarán en las explicaciones subrayando la emoción que quieres transmitir. Habla modulando tono y voz como si la barrera fuera estafeta y ampliara tu mensaje. Tienes 1.000 herramientas a tu servicio y la comunicación no verbal puede vitaminizarse para hacernos entender mejor. Tu sonrisa se verá, se sentirá, EMOCIONARÁS y recibirás EMOCIÓN.

La emoción se mascará.