Sandro

Me gustó Sandro Rosell ayer.

Lo ví en uno de esos mítines de precampaña.

Confieso que lo analicé todo con ojos traviesos, como cuando miro la bolita en la rambla de santa Mónica antes del grito de !agua! -que nos vamos.

Disfruté con el formato, un sofá marrón en un escenario. Pantalla y lona con lema. Disfruté con el entrevistador, un espigado periodista andorrano con aquella chispa innata que distingue a los buenos de los mejores. Olía a factoría Buenafuente.

Me gustó el video que sustituyó a las promesas electorales. Me gustó emocionarme viendo a Simonet celebrando el uno a cero contra el Standar de Lieja. Molts anys a l´estadi.

Me gustó el estilo. Sport, cinturón un poco-demasiado alto y botines de ante con suela de pelotas camper. camisa de cuadros verde lima y americana de tonos claros. Las manos recogidas detrás tardaron un poco en empezar a hablar.
Dominio de posición en el sofá, educación exquisita en el protocolo, cuna incunables y miles de kilómetros en las neuronas. Primera y segunda a dos mil revoluciones.

Me gustó la técnica Taoista de no agredir. Agrediendo al no agredir. destrozando mandíbulas a golpe de ruidoso silencio. Muhammed Alí dando vueltas a la lona.

Me gustó que aplauideramos al exfutbolista -anciano- Seguer. Sus ojos húmedos por la emoción. Los míos también.

Me gustó que después de mucho tiempo me gustara admirar el talento comunicando de un futuro presidente y de un periodista, alto y de andorra, que le acompañaba.

Olor a Nike, a brasil, a Mundo…a una Catalunya que prefiero.